Billetes en el santo tendero

El 24 de mayo de 1993, el asesinato a tiros del cardenal guanajuatense Juan Jesús Posadas Ocampo, acontecido en el aeropuerto de Guadalajara, conmocionó a la sociedad mexicana. Aunque durante varios años la autoridad sostuvo que el sacerdote, de entonces 67 años, fue baleado por sicarios del cártel de los Arellano Félix, quienes lo habrían confundido con Joaquín Guzmán Loera, su acérrimo enemigo, el verdadero motivo de su muerte ha quedado como uno de los misterios más celosamente resguardados en los anales de la historia política, eclesiástica y del narcotráfico en México.

En su novela más reciente, Casquillos negros, el escritor y periodista jalisciense Diego Petersen Farah reabre el caso Posadas para que sea investigado por el reportero Adalberto Zaragoza, un personaje de su creación y que también protagonizó su primera obra literaria, Los que habitan el abismo.

“Yo tenía ganas de seguir escribiendo y de continuar con el personaje de Beto Zaragoza en otra novela negra”, cuenta Petersen en charla con Newsweek en Español.“Y poco antes de empezar a escribir me platicaron de los casquillos negros. Alguien que estuvo en el aeropuerto aquel 24 de mayo me dijo: ‘Yo era policía y, cuando llegué [a la escena del crimen], vi que todos los casquillos alrededor del carro eran negros’. Yo, ignorante, le pregunté: ‘¿Y eso qué significa?’. ‘Significa, simple y llanamente, que era fuerza del Estado la que estaba allí’”.

Recientemente puesta en circulación por el sello editorial Tusquets, Casquillos negros relata las correrías de un reportero de nota roja cuya vida da un vertiginoso viraje cuando a su oficina llega un sobre con reveladoras fotografías en las que aparece gente implicada en el asesinato de Posadas Ocampo. Junto a un viejo conocido exmiembro de la inteligencia policiaca, el Tripa Fernández, Beto Zaragoza se involucra en una intriga de complicidades que salpica de pus a autoridades militares y de gobierno, cárteles del narcotráfico y jerarcas de la Iglesia católica.

Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.

“Aunque retoma el caso Posadas, la intención fundamental era escribir una novela negra sobre lo que pasa hoy y trata de entender cómo eso que pasó hace 24 años nos sigue afectando”, explica el autor, y añade que, efectivamente, Zaragoza está inspirado en el reportero que en Guadalajara fue el primero que tomó la famosa fotografía del cardenal asesinado en su automóvil.

Un crimen que conmocionó a la sociedad mexicana, policías corruptos, autoridades corrompidas, pederastia en la Iglesia, prostitución, drogas, dinero mal habido y otros elementos ruines hacen de esta una novela estrictamente negra: “Sórdida, diría yo. Hay personajes del bajo mundo, hay crimen organizado, prostitutas, pero en un contexto en el que todos están de alguna manera ya golpeados por la vida. Empero, el lector se va a encontrar con una novela ágil, eso se lo aseguro, se lee fácilmente, muy rápido, y con humor. Es una obra que devela una faceta muy oscura en la sociedad y, al mismo tiempo, nos permite, desde ese lado oscuro, imaginarnos lo que es la vida en este país”.

Petersen Farah es periodista y columnista desde hace más de treinta años. Nació en Guadalajara en 1964, y a lo largo de su carrera ha contribuido en la fundación y dirección de media decena de periódicos. Su primera novela es Los que habitan el abismo.

Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.

—¿Cómo se escribe y se recrea una novela sobre un acontecimiento verdadero, Diego?

—En el caso de Casquillos negros, el acontecimiento noticioso no es sino la excusa. La obra en realidad trata del México actual, del violento, el que tiene esta cara sórdida. Yo como periodista a ningún otro caso le dediqué tanto tiempo a revisar, pensar e investigar como el Posadas. En parte porque me tocó en ese momento, cuando yo estaba en el periódico, y en parte porque tardó mucho en resolverse, se reabría y se reabría y nunca quedó cerrado, nadie quedó convencido ni de la versión oficial, ni de la versión del complot. Es un caso que permite poner sobre la mesa una serie de elementos sobre los vínculos perversos que hay con el narco, no solo del Estado, sino también de la sociedad.

“Y, por otro lado, me parece que, visto en retrospectiva, es un punto de quiebre en el que empieza a descomponerse la forma en la que el Estado quería administrar el narcotráfico. El Estado quiso administrar el narco primero a través de un cártel único, cuya visión se quebró con el asesinato de Enrique Camarena, curiosamente también en Guadalajara, cuando existía ese gran cártel que fue el de Sinaloa. Luego tuvimos una segunda etapa, que es donde diferentes agencias del Estado estaban detrás de los diferentes cárteles, la famosa Federación, y que justamente con el caso Posadas mostró su inoperabilidad y debilidad: arriba chocaban los cárteles, pero abajo chocaban las fuerzas del propio Estado. Es un caso muy interesante en ese sentido y permite ver mucho más allá de un simple asesinato”.

Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.

—Eres un periodista que cubrió el caso Posadas y un escritor que noveló ese tema. ¿Cuál es tu opinión, quién mató al cardenal, por qué?

—Lo que está en el libro no puedo decir que sea la verdad, pero puedo decir que sí pudo haber pasado. Se lavó mucho dinero del narcotráfico en la Iglesia católica, hubo elementos que aparecieron en la investigación y que luego se acallaron. Además, había demasiados vínculos de los narcotraficantes con diferentes fuerzas del Estado, y eso lo que dice es que, finalmente, a nadie le convenía seguir escarbando. Carpizo [Jorge, procurador general de la República en ese momento] se clavó en su hipótesis de la confusión, que era insostenible, terriblemente contradictoria. Y otra parte, la Iglesia y un grupo de políticos, se clavaron en que Posadas fue un mártir de la relación Iglesia-Estado, lo cual también es absurdo. Sin embargo, la hipótesis que yo exploro aquí, la del lavado de dinero, esa nunca la exploraron, la de las relaciones claras y vinculantes entre narcotráfico y la Iglesia y otro tipo de intereses. El narcotráfico existe porque tiene una serie de soportes sociales y políticos, y cualquier guerra que se le haga, mientras no toque ese soporte, mientras no vayamos a la parte de abajo del iceberg, no podremos cortarle más que un poquito de hielo.

—¿En qué medida la novela negra es preponderante en el tratamiento de asuntos políticos?

—La novela negra tiene en México una tradición. En la etapa moderna es la más sociológica, pues permite retratar muy bien a la sociedad desde el lado oscuro. Desde este lado se ven las relaciones perversas que hay, los sótanos del poder y el crimen que, finalmente, tienen conexiones con la alta sociedad, ya sea la jerarquía eclesiástica, el Estado o el orden económico.

“A lo mejor mi novela no va a gustar —concluye Petersen—. A lo mejor algunos pensarán que es exagerada. Pero nada de lo que escribo aquí ha sido intocado, de todo se ha hablado, de lavado de dinero y pederastia en la Iglesia, de los vínculos extraños entre la Dirección Federal de Seguridad y el crimen organizado. Lo que hice fue ponerlo en juego para mostrar una realidad, una realidad muy oscura del país”.


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