Tinta para el bienestar

DURANTE LA MAYOR PARTEde su vida, a Heather Lee no le importó mucho la apariencia de sus senos. Estos eran simplemente una parte ocasionalmente funcional de su anatomía; habían alimentado a sus cuatro hijos cuando eran recién nacidos y requerían alguna compra ocasional como apoyo para el vestir. Pero después de haber sido diagnosticada con cáncer de mama, en marzo de 2015, y someterse a una doble mastectomía, Lee, de cuarenta años y madre divorciada, temía quedar con senos que recordaran “aguacates pasados”.

“La forma en que se lo expliqué a mis amigas es que cuando me viera en el espejo, no quería pensar, bueno, esas cosas casi parecen tetas”, dice Lee, abogada de Birmingham, Alabama. “Quería mirarme en el espejo y pensar: soy ruda”.

Lee decidió retirarse quirúrgicamente ambos senos, uno de ellos de manera profiláctica, para disminuir su riesgo de una recaída, así como para no tener que tomar Tamoxifen durante diez años; este medicamento es tristemente célebre por producir efectos colaterales semejantes a la menopausia que pueden disminuir notablemente la calidad de vida de una mujer después de sufrir cáncer. El cirujano también le dijo que una doble mastectomía significaría una “mejor simetría”, dice. Pero una operación quirúrgica donde no se retiraran los pezones no era una opción para Lee. Los márgenes de su biopsia mamaria mostraban que las células malignas se encontraban cerca del límite, por lo que preservar una parte del tejido podría aumentar la probabilidad de que el cáncer pudiera volver. Eso significaba que conservar los pezones y las areolas para reconstruir los senos, una práctica relativamente común en la actualidad, sería demasiado riesgoso.

Lee dice que optó por implantes mamarios que “lucieran normales con ropa y en traje de baño”. Pero no volvió para el proceso de seguimiento, en el que un cirujano plástico manipula la piel de los montículos mamarios para crear la apariencia de pezones. También omitió el uso de tatuajes médicos, el toque final de la reconstrucción mamaria para dar pigmento al área de los pezones y crear la apariencia de areolas. Los pezones falsos no resultaban atractivos para Lee, y después de una breve búsqueda en Google, decidió que quería tinta de verdad.

Los médicos le dicen a la mayoría de las pacientes con cáncer que se someten a una mastectomía que solo tienen dos opciones una vez que ha concluido el tratamiento y la cirugía: reconstruir o no reconstruir. Pero cuando Lee se topó con David Allen, un artista del tatuaje residente en Chicago, encontró una tercera opción: tatuajes para mastectomías. Allen, que ha creado un grupo cuasi religioso de seguidores entre sobrevivientes del cáncer de mama, tiene una página entera de su sitio web llena de fotos de senos femeninos cubiertos de tatuajes para ocultar las cicatrices. Él es uno de los pocos artistas del tatuaje de Estados Unidos que ayudan a las mujeres a reclamar sus cuerpos y sus vidas después del cáncer de mama en una forma menos convencional y menos como un problema médico.

Muchas personas se hacen tatuajes para marcar un acontecimiento importante: el nacimiento de un hijo, la muerte de un ser querido, un aniversario y, por supuesto, el final de una enfermedad grave y que puso en riesgo su vida. Pero para las sobrevivientes del cáncer de mama, los tatuajes de mastectomías pueden ser mucho más poderosos. No solo simbolizan su escape de la muerte, sino también ocultan las cicatrices y minimizan la apariencia de desfiguración. Si se hacen correctamente, pueden hacer que verse en el espejo vuelva a ser una empresa positiva o, al menos, que resulte más soportable.

A Lee le encantaban las ilustraciones de Allen. El artista dibujaba flores, pero no del tipo barato y empalagoso. Sus obras eran monocromas en tonos gris pizarra, con detalles de tipo puntillista y casi etéreas. Los tatuajes descendían alrededor del pliegue de los senos y caían en el área donde estarían los pezones. En muchas de las fotos resultaba casi imposible detectar cualquier rastro de las cicatrices de la incisión. Lee se puso en contacto de inmediato y comenzó a intercambiar mensajes de correo electrónico con la asistente de Allen.

“Nada de lo que había visto parecía adecuado hasta que vi algunas fotografías de tatuajes de verdad”, dice Lee, quien viajó con una amiga a Chicago en octubre para hacerse sus tatuajes. Lee, originaria del sur de Estados Unidos, eligió magnolias para un diseño floral como los que sus abuelos tenían en su jardín frontal. “Creo que es algo hermoso en lugar de ver cicatrices y pensar en lo que he pasado y en el dolor”.

Allen publicó recientemente un ensayo en JAMA donde detalla su procedimiento de tatuaje para clientes que se han sometido a una mastectomía. Decidió contar su historia en una revista médica en lugar de hacerlo en una publicación convencional debido a que espera que los oncólogos y cirujanos lleguen a considerar los tatuajes de mastectomía como una opción viable para sus pacientes. Sin embargo, Allen, de 37 años, dice que la industria de los tatuajes también necesita ser educada por los médicos; las personas que han sobrevivido al cáncer de mama tienen necesidades físicas y psicológicas únicas que exigen que el artista tenga una forma agradable de tratar a los clientes, así como ciertos conocimientos médicos.

Allen, que estudió artes gráficas, se topó con este trabajo en 2011, cuando una maestra de Nueva York que se había sometido a una doble mastectomía se acercó a él. Además de la importante naturaleza de la asignación, al artista lo preocupaban los riesgos de salud y de seguridad que podrían surgir para la cliente. El tejido cicatricial y la piel expuesta a la radiación son mucho más delicados y reaccionan en forma distinta a la tinta de tatuaje. “No estaba muy seguro de cuál sería la mejor técnica, y no existe mucha información. Traté de evitarla, pero ella era muy persistente”, dice. “Es un área difícil para tatuar”.

Han pasado seis años, y Allen ha dejado su marca en alrededor de setenta sobrevivientes de cáncer, y muchas mujeres viajan desde otros países para verlo, entre ellas, del Reino Unido, Argentina e India. La mayoría de las mujeres con las que trabaja se han sometido a una mastectomía sencilla o doble con implantes. Pero existen algunas mujeres que solo se sometieron a la mastectomía y simplemente desean ocultar las cicatrices quirúrgicas de su pecho. La mayoría de las mujeres que buscan a Allen tienen más de cincuenta años y no desean ningún otro trabajo artístico en su piel. Esa edad parece ser muy tardía para hacerse un primer tatuaje, hasta que uno recuerda que la edad promedio para un diagnóstico de cáncer de mama es de alrededor de 62 años, de acuerdo con datos proporcionados por los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades de Estados Unidos.

POSCIRUGÍA COSMÉTICA: P.Ink (Personal Ink) es un colectivo sin fines de lucro que pone en contacto a sobrevivientes de cáncer de mama con artistas del tatuaje que han experimentado con tatuajes de mastectomía. Foto: JIM O’CONNOR/P.INK

Para la causa de Allen, resulta favorable que los índices de cirugías reconstructivas para el cáncer de mama continúen aumentando. En un informe publicado en 2016 por la Sociedad Estadounidense de Cirujanos Plásticos se encontró que el número de pacientes que optan por la cirugía reconstructiva tras un tratamiento contra el cáncer de mama se ha incrementado en 35 por ciento entre 2000 y 2012. Actualmente, es mucho más probable que los médicos recomienden la mastectomía en lugar de la cirugía para conservar el seno (lumpectomía) por razones médicas y estéticas (en muchos casos, un cirujano puede mejorar la silueta de una paciente según las preferencias de esta última, ya sea al reconstruir los senos de manera que sean más grandes que los originales, o al revertir la caída en los senos que se produce con la edad y la crianza de los hijos).

Además, someterse a una cirugía reconstructiva con implantes ya no se considera simplemente una cuestión de vanidad o un lujo. La legislación de política de salud aprobada hace casi veinte años exige que las empresas de servicios de salud paguen la cirugía reconstructiva como parte de un tratamiento rutinario para esa enfermedad. Las pruebas genéticas, como la que se utiliza para detectar mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2, los cuales indican un mayor riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer de mama, significan que más mujeres jóvenes se someterán a una cirugía preventiva. Algunas personas señalan que los índices de la doble mastectomía profiláctica aumentaron gracias a lo que muchas personas denominan el “efecto Angelina Jolie”. En 2013, la actriz y directora hizo pública su decisión de someterse a una mastectomía preventiva tras enterarse de que tenía mutaciones BRCA, lo que inspiró a muchas otras jóvenes con un alto riesgo genético de cáncer a hacer lo mismo. A las mujeres jóvenes puede preocuparles especialmente la visibilidad de las cicatrices y que los senos reconstruidos nunca luzcan normales. La solución, quizás, es hacer algo completamente diferente. También resulta útil el hecho de que el arte corporal se ha vuelto muy común. Los tatuajes, al igual que el cáncer de mama, ya no son un tema prohibido.

Las mujeres pueden encontrar a Allen en internet, pero también a través de P.ink (Personal Ink), una organización sin fines de lucro fundada en 2013 en la que las personas sobrevivientes del cáncer de mama se ponen en contacto con artistas del tatuaje que han experimentado con tatuajes de mastectomías. La organización, fundada por Noel Franus, comenzó siendo una página de Pinterest. Franus nunca ha tenido un tatuaje, ni cáncer, ni senos, pero se inspiró después de que su cuñada se sometió a una cirugía contra el cáncer y comenzó a pedir ideas a sus familiares sobre lo que podía tatuarse en sus nuevos senos, en lugar de pezones falsos. “Nadie hablaba de esto en línea, a menos de que fueras un gran entusiasta de los tatuajes”, dice Franus. “Podías encontrar uno o dos artistas en el foro, pero ¿quién se ocupa de la madre en Topeka o de la abuela que vive en la zona rural de Texas?”

Los artistas del tatuaje que forman parte de esta red realizan trabajos en especie en el evento P.ink Days, que se realiza cada año en octubre desde 2014. Hasta ahora, han participado estudios de tatuaje de 25 ciudades, y en conjunto, han tatuado alrededor de 175 personas sobrevivientes del cáncer. La organización también cubre el costo de los tatuajes de mastectomías según el caso y paga el costo total (dependiendo de la complejidad y el tamaño del trabajo artístico, un tatuaje de mastectomía puede costar entre 200 y más de 2000 dólares). actualmente hay 1500 personas sobrevivientes del cáncer en la lista de espera de P.ink.

La solución para satisfacer esta creciente demanda, de acuerdo con Franus, es hallar a más artistas del tatuaje interesados en este trabajo, especialmente en otros países, ya que muchas personas sobrevivientes que contactan a la organización no viven en Estados Unidos. Sin embargo, preparar a los tatuadores para esta tarea resulta desafiante. “Seguimos necesitando a más artistas entrenados”, dice Franus. “Para ello es necesario que el artista se siente y trabaje codo con codo con otro artista que sepa cómo hacer este trabajo”.

Esto también significa alentar a los médicos y cirujanos a participar activamente y hacer que los tatuajes de mastectomía sean una opción más en el proceso de recuperación. Allen ha hecho incursiones en la comunidad médica. Afirma que, en la actualidad, con frecuencia habla por teléfono con cirujanos plásticos, en ocasiones incluso antes de que un paciente se someta a una operación. La variedad de técnicas quirúrgicas puede influir en la calidad del arte del tatuaje, por lo que una planificación previa permite que el cliente obtenga su mejor trabajo. “Necesito saber tanto como sea posible”, dice. “Necesito saber si la paciente se sometió a una cirugía de injerto o si el cirujano tiró desde el músculo latissimus dorsi”.

Allen también es muy selectivo con respecto a las clientes con las que trabaja y al momento en que lo hace. Por ejemplo, nunca trabaja con una mujer a menos de que haya pasado un año desde su operación. Esto no solo se debe a motivos médicos, sino también porque ha descubierto que las sobrevivientes no suelen estar emocionalmente preparadas para el proceso antes de ese momento.

Hace unos años, una mujer fue a ver a Allen. Habían pasado varios años desde que se había sometido a la operación y estaba lista. Allen se preparaba para aplicar el esténcil sobre sus senos para crear el contorno del tatuaje, pero cuando comenzó a tocar a la mujer, esta comenzó a llorar. Le dijo que su esposo la había abandonado debido a su enfermedad, y que no había estado cerca de un hombre por muchos años. Allen dejó de trabajar. En lugar de ello, ambos se sentaron en su estudio y hablaron durante dos horas. “Quería escuchar su historia”, dice. “Quería que ella supiera que la emoción que sentía era más importante que hacerse un tatuaje”. La cliente volvió tres meses después para hacerse su tatuaje.


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