La Santa Alianza: Trump y los hispanos

Los hispanoamericanos tienden a ser más religiosos y conservadores que el público general estadounidense”, señala en entrevista Jessica Martínez, investigadora del Pew Research Center. Diferencia aún más pronunciada si se compara a los hispanos evangélicos con los católicos. Entre los primeros, el 71 por ciento asiste semanalmente a la iglesia y el 85 por ciento considera que la religión es algo muy importante en su vida. Estos porcentajes caen 30 y 20 puntos, respectivamente, en el caso de los católicos. Además, uno de cada diez evangélicos protestantes es hispano, proporción que se triplica en el caso específico de los evangélicos protestantes del mayor grupo pentecostés del país: Asamblea de Dios, según cifras del Fact Tank estadounidense.

Los registros de la representación en Estados Unidos del grupo pentecostés reportan que sus miembros se incrementaron en más de 20 por ciento entre 2001 y 2015. Por grupo racial, los blancos decrecieron 1.6 por ciento, mientras que el conjunto de miembros de otros grupos raciales se incrementó en cerca de un 80 por ciento.

La Asamblea de Dios también es más religiosa que la media de las comunidades evangélico-cristianas en el país. Según datos del Pew Research Center, el 74 por ciento de los miembros de la Asamblea identifican la religión como su principal fuente para distinguir entre el bien y el mal; entre los demás evangelistas el porcentaje es del 60 por ciento.

Los servicios religiosos del pastor de la Asamblea de Dios, celebrados los sábados al noroeste de Washington, D. C., empiezan a las 7:00 horas y terminan a las 21:30. Cerca de una hora y media se dedica a cantos alternados con alabanzas a Cristo y frases cortas lanzadas desde el púlpito por los asistentes del pastor —a veces en voz baja, otras entre gritos y llantos—. En el espacio donde se reúnen, de unos 200 metros cuadrados con muros azul claro y alfombras color vino tinto, los creyentes encuentran todo lo que necesitan para participar: biblias, panderos y Kleenex.

La asistente del pastor, de cerca de treinta años con falda por debajo de las rodillas y camisa de manga larga, se dirigía a los creyentes desde el púlpito hace unos sábados. El servicio había comenzado hacia poco menos de veinte minutos y, acompañada de teclado, batería y guitarra en vivo, decía: “Recordemos felices las palabras del Señor en el libro de San Juan 3:16 y de cuál manera fue Dios al mundo. Que dio su único hijo para salvarlo, para pagar el precio de aquellos borrachos, criminales, prostitutas, homosexuales y lesbianas, de todos lo que se han alejado de su presencia. Espíritu Santo: toma todo mi ser, tú que me sacaste de las tinieblas. Cierren los ojos y alaben su gloria”. Algunos presentes se giraron y de espaldas al púlpito se arrodillaron y empezaron a rezar con los codos apoyados en las sillas plegables dispuestas en el lugar.

AMÉRICA: CADA VEZ MÁS HISPANO... EVANGÉLICA

“Cuando el presidente Trump construya el muro también debe construir puentes con la comunidad latina, y hacerlo con el mismo entusiasmo”, decía Samuel Rodríguez, pastor de la Asamblea de Dios el 26 de enero pasado, en respuesta a los decretos del mandatario sobre migración.

El presidente de la Conferencia Nacional de Liderazgo Cristiano Hispano (NHCLC, por sus siglas en inglés) afirmó: “Estoy de acuerdo con el presidente Trump en que asegurar nuestras fronteras es de vital importancia para garantizar la seguridad de todos los estadounidenses [...] nuestro objetivo y nuestro enfoque continuo en la NHCLC será garantizar que estas políticas siempre sean equilibradas por el respeto a la santidad de la vida y el bienestar de los inmigrantes”.

 

Los inmigrantes representan cerca del 9 por ciento de los evangélicos en Estados Unidos, en la Asamblea de Dios el 20 por ciento de sus miembros lo son, según cifras del Pew Research Center.

Si las políticas en materia de migración del presidente Donald Trump fueron criticadas por distintos sectores de la sociedad estadounidense, las últimas en materia religiosa son impopulares entre el público en general. “La gran mayoría de los americanos y de las Iglesias en el país apoyan la Enmienda Johnson. No quieren que el debate político irrumpa en sus congregaciones. Los únicos empeñados en revertir la Enmienda es una pequeña base de evangélicos, en su mayoría blancos”, afirma en entrevista Annie L. Gaylor, fundadora y codirectora de la Freedom From Religion Foundation (FFRF).

La organización sin fines de lucro FFRF demandó al presidente Trump el pasado 4 de mayo ante la corte federal de Madison, Wisconsin, argumentando que la orden ejecutiva sobre libertad religiosa, firmada ese día, privilegia a la Iglesia por encima de otras organizaciones sin fines de lucro.

“Las Iglesias y organizaciones sin fines de lucro gozamos del gran privilegio de ser subsidiadas por el público, a través de donaciones que son deducibles de impuestos. Los donadores pueden hacer uso de este maravilloso beneficio fiscal por ser dinero destinado únicamente a dos rubros: caridad y educación”, explica Annie L. Gaylor.

Con la orden ejecutiva sobre libertad religiosa, dice la codirectora de la FFRF, Trump abre la posibilidad a los partidos políticos de hacer donaciones a las Iglesias buscando atraer beneficios con fines políticos y electorales.

“Todas las identidades fiscales debemos hacer declaraciones de impuestos, excepto las organizaciones religiosas. Si permiten la entrada de donaciones de políticos, estas se pueden convertir en máquinas lavadoras de dinero electorales. Es difícil predecir los efectos concretos, pero nuestras elecciones serán corrompidas [...] se generará todo tipo de ramificaciones que incluirán a la comunidad hispana y a todas las demás”, dice Annie L. Gaylor.

Barack Obama consiguió el 67 por ciento y el 71 por ciento del voto latino en las elecciones de 2008 y 2014, respectivamente; Donald Trump solo el 29 por ciento. La base electoral de Trump fue de 80 por ciento de blancos evangélicos que lo eligieron por encima de Hillary Clinton.

No obstante, la campaña de Donald Trump se dirigiera principalmente a la población base del país (la de blancos conservadores y evangélicos), el candidato intentó acercarse a la comunidad hispana. El republicano atrajo simpatías de grupos evangélicos, en específico del presidente de la NHCLC. Esta organización, fundada por Samuel Rodríguez en 2001, se autodenomina “la mayor organización cristiana hispana del mundo [con más de] 100 millones de evangélicos hispanos”.

Según datos del Pew Research Center, los hispanos más afines a los republicanos son los evangélicos, el 30 por ciento se identifica con dicho partido. Entre los católicos y los no afiliados a ninguna religión, solo el 21 y el 16 por ciento dicen ser afines al partido republicano.

“Estados Unidos está atravesando un gran cambio en términos religiosos y demográficos. Hasta hace diez años el corazón estadounidense, en términos culturales y de presencia demográfica, era de blancos –anglosajón y protestante–”, afirma en entrevista Robert P. Jones, autor del libro The End of White Christian America. En el texto el autor concluye que el cambio más drástico sucedió entre la primera elección de Barack Obama y la elección de Donald J. Trump.

Según afirma Robert P. Jones, con base en cifras de la General Social Survey y el American Values Atlas, los “blancos no hispanos” (es decir, todos blancos que no tienen orígenes hispanos o latinoamericanos) afiliados a Iglesias cristianas (católicas y protestantes) pasaron de representar el 54 por ciento a ser el 43 por ciento de la población. Los motivos, según Jones, se encuentran en el incremento de la población hispana del país con tasas de nacimiento más altas y el alejamiento de la gente de la religión.

La población estadounidense es cada vez menos religiosa; mientras los demás grupos raciales tienden a abandonar las filas de todas las Iglesias, el porcentaje de hispanos incrementa entre los católicos y los cristiano-evangelistas.

El Fact Tank Pew Research Center concluyó que entre 2007 y 2014 únicamente dos grupos incrementaron sus filas: los no afiliados a ninguna religión (que incrementaron 13.6 puntos porcentuales) y los evangélico-protestantes que se estabilizaron con un ligero incremento de 1.5 puntos. Por otra parte, un análisis comparativo entre blancos e hispanos del Public Religion Research Institute señala que, entre 1993 y 2014, los protestantes blancos decrecieron 13 por ciento, mientras que los hispanos afiliados incrementaron 4 por ciento.

“Dentro del panorama religioso estadounidenses solo dos grupos están creciendo: los que no pertenecen a ninguna religión y los cristianos hispanos. En una década la Iglesia católica estadounidense podría ser en su mayoría latinoamericana, y si las tendencias continuaran en el futuro, podrían suceder cambios relevantes también entre los evangélico-protestantes”, dice el CEO del PRRI.

IGLESIA: PEDACITO DE CIELO

“Creo que nuestras iglesias y espacios de oración deben ser una probadita del Cielo, un pequeño bocado del premio que recibiremos”, dice la reverenda Annie Washam, pastora titular de la First Baptist Church in America. “Nosotros ya estamos practicando lo que vendrá, elegimos reunirnos con personas con las que nos sentimos relacionadas, de diferentes edades, visiones políticas e ideológicas. Esto no sucede comúnmente en nuestra vida colectiva como sociedades y menos durante el actual momento político que atraviesa el país”, afirma Washam.

La opinión pública estadounidense está polarizada sobre temas raciales y de política social, económica y exterior. Cuestiones a las que se añaden las de orden moral como el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo. La aceptación moral del aborto permaneció casi invariable entre la primera administración Obama y el comienzo de la administración Trump, al pasar de 40 a 43 por ciento, según la encuestadora Gallup. En el caso del matrimonio homosexual, la balanza se invirtió: en 2008 cuatro de cada diez personas aprobaban el matrimonio homosexual, y en febrero pasado eran mayoría: seis de cada diez, según el American Values Data.

“Creo que toda lectura seria y sabia de las Escrituras reconoce que se trata de un documento moral y que el evangelio es político. Cualquiera que tome la religión en serio ya está metiendo las narices en los temas de actualidad. Lo que no significa que debamos ir tan lejos como apoyar algún candidato político. La Iglesia ya tiene suficiente autoridad moral y política, sería el colmo que nos convirtiéramos en otro grupo político en activo”, dice Washam en referencia a la reciente orden de libertad ejecutiva firmada por Donald Trump.

Había transcurrido poco menos de dos horas desde el comienzo del servicio religioso del pastor de la Asamblea de Dios en Washington, D. C. Alrededor de cuarenta hispanos acudieron, varios de ellos con sus hijos. Eran las nueve de la noche y, en el lugar, cerca de una decena de niños de entre tres y quince años, lucían cansados luego de dos horas rezando, cantando, bostezando o sentados con la mirada en el vacío. Algunos ya dormían, otros lloraban, los mayores aprovechaban para adelantar la tarea.

El ambiente en la iglesia era cálido: son comunidad, todos hispanos, todos creyentes y todos afligidos por problemas cotidianos. Esas horas compartidas con otras familias semanalmente crean lazos por fuera de la iglesia que se traducen en apoyo mutuo. En el espacio de oración se abstraen del mundo exterior, nada de afuera puede incomodarlos mientras se dedican a su dios, ni los agentes de la Deportation Force de Donald Trump.

La reverenda Annie Washam concluye: “Creo que cualquier acción que fracture más las frágiles comunidades que acogemos en nuestros lugares de culto no solo irá en detrimento de las Iglesias en general, sino de toda la nación porque lo que nosotros creamos son pequeños espacios de amor entre unos y otros, entre personas que eligen estar ahí y compartir su fe. Las ideologías políticas y la fe suceden antes de reunirnos como comunidad”.

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