Abarrota Auditorio el Cigala

El agasajo comenzó la noche de ayer, exactamente a las 20:35, cuando el gitano de Madrid, vestido con un traje azul, camisa blanca y un pañuelo rojo en el bolsillo del saco, salió al tablado del Auditorio Nacional para alcanzar a la orquesta (piano, bajo, tumbadoras, pailas, güiro, dos trombones, dos trompetas y coros) que repitió dos veces el introito de “Moreno soy”. El estribillo se impuso: “Moreno soy porque nací de la rumba / y el sabor yo lo heredé del guaguancó”. Un solo de trompeta dibujó el columpio del ángelus mientras el intérprete de “Niebla de riachuelo” untaba las conformidades con su fraseo arenoso. El público aplaudía a rabiar el arrojo del alumno de Camarón de la Isla de grabar un álbum de salsa, Indestructible, que ayer presentó.

La salsa tiene muchas coordenadas sonoras: neoyorkinas, portorriqueñas, panameñas, colombianas, venezolanas, dominicanas, cubanas… Los más connotados teóricos sustentan que la raíz de toda esa conformidad acompasada se asienta en el son cubano, la guaracha, el mambo, chachachá, guajira y las tres variantes de la rumba (guaguancó, yambú y columbia). Desde que Diego El Cigala se encontró con el pianista cubano Bebo Valdés y lagrimeó de negro el flamenco y una niebla de riachuelo se extendió sobre el tiempo para rociarlo con agridulce entonación, el cante jondo tomó otro sentido y cupieron por sus grietas las cadencias del changüí guantanamero, el tango rioplatense, el bolero latinoamericano y el son de Santiago de Cuba.

La crónica comenzó hace 14 años en el capítulo Lagrimas Negras (2003), con Bebo Valdés: viraje en las correspondencias entre el flamenco el bolero latinoamericano y prosodias rioplatenses. El cantaor madrileño continuaría explotando el concepto con Dos Lágrimas (2006), Cigala & Tango (2010) y Romance de la luna Tucumana (2013), brava apostura del cante jondo del hijo del popular barrio madrileño El Rastro. Pero, el impacto de Lágrimas Negras parece insuperable. “Lo sé, un pianista como Bebo no se da todos los días. Ese disco con él es mi renacimiento y mi amuleto, todo, gracias a su maestría”, ha dicho el intérprete de “Como fue”.

Ahora Indestructible en este concierto de ayer. ¿Salsa flamenca? ¿Fonologías afrocaribeñas en los puertos de Flandes? ¿Gitanería en los atajos del guaguancó? Bembé afrogitano de enjundias que rinde tributo a la sonoridad salsera del New York de los 70, el chachachá cubano de los 50, el ancestral guaguancó matancero del siglo XIX y el bolero de los 50/60 de La Habana. Anoche todo eso se candenció con las interpretaciones de “Juanito Alimaná”, “El paso de encarnación”, “Periódico de ayer”, “Hacha y machete”, “El ratón” e “Indestructible”. Fuimos testigos de un Cigala inspirado en pregones en que lo majo se montó sobre el son, el chachachá, el bolero, el mambo, el guaguancó y la habanera.

Y Francisco Céspedes bolereó la anochecida como invitado especial en un diálogo de complicidades con el gitano de Madrid en “Inolvidable” y “Vida loca”. La Diva del Buena Vista Social Club, Omara Portuondo, engalanó el convite con “20 años”, “Blancas azucenas” y “Bésame mucho”. Faltó “Fiesta para Bebo”, aunque el pianista de Quivicán se asomaba en los clústeres de Jumitus.

Tesitura y recitación gitana en los amarraderos del son/salsa que inundó los rincones del Coloso de Reforma con 10 mil almas como testigos. ¡Vaya ajiaco andaluz/guarachero dispuesto por Diego El Cigala! El crepúsculo se hizo breve. Alguien del público gritó: “¡Viva Cuba!” Otro ripostó: “¡Viva el flamenco, te amamos Cigala!”

El público respondió con amorosa ovación.El Cigala masticó con untos jacarandosos todos los compases.

 

Con información de La Razón 


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