Significado de “gracias”, a 25 años del Nobel

El centenario del nacimiento de Octavio Paz (1914-1998) fue objeto de muchos homenajes, libros y reportajes destinados a conmemorar la figura de un poeta mayor en un 2014 donde su nombre fue repetido una y mil veces.

Sin embargo, no es menos importante el cuarto de siglo transcurrido desde aquel 1990 en que el escritor mexicano se hizo acreedor al Premio Nobel de Literatura, el único otorgado hasta ahora a un autor mexicano, en una época, además, donde tan cacareado galardón tenía un valor que radicaba más en lo literario que lo político.

En nuestro suelo, Carlos Fuentes (1928-2012) fue un candidato reiterado a la distinción de la Academia Sueca y el Premio Cervantes (considerado el Nobel en letras españolas) a Elena Poniatowska en 2013 y en este 2015 a Fernando del Paso permiten pensar que otro de los eternos candidatos, Sergio Pitol, podría aspirar seriamente al premio del que fuera candidato oficial en 1984 el enorme Juan Rulfo (1917-1986).

Sin embargo, la Europa despedazada por la violencia y la desigualdad, al punto como parece de estallar en mil pedazos, ya no marca las pautas de la creación literaria mundial o al menos son otros los problemas que exigen mayor atención que las letras, como lo demuestra el Nobel reciente a una escritora considerada menor como la periodista bielorrusa Svetlana Aleksiévich, cronista entre otros temas del derrumbe de la URSS y de la tragedia de Chernóbil.

Más allá de la calidad de los premiados, el propio galardón está en tela de juicio como testimonio de un Viejo Continente cada vez más anciano, no obstante lo cual el Nobel mantiene su preeminencia mediática y año tras año concita los escasos titulares que agencias informativas y periódicos dedican a la literatura.

Pero ya en 1990, Octavio Paz tenía claro que un galardón no garantiza nada.

“El Nobel no es un pasaporte a la inmortalidad. La relativa inmortalidad de las obras literarias y artísticas la da la calidad”, dijo en La Jornada al referirse al premio que recibió “por su escritura apasionada y de amplios horizontes, caracterizada por la inteligencia sensorial y la integridad humanística”,

El 11 de octubre de 1990, la Academia Sueca anunciaba en un comunicado de prensa que había tomado la decisión de otorgar el Premio Nobel de Literatura a “un escritor en español con una amplia perspectiva internacional” que publicó su primera colección de poemas en su adolescencia y que a sus 76 años “es una persona que permanece activa como escritor y crítico”.

“Porque mira al mundo como si lo pronunciara. Su poesía consiste, en gran medida, de la escritura con y sobre las palabras. Se trata de exquisita poesía amorosa a la vez sensual y visual. Obras en las que Paz se vuelve hacia el interior de sí mismo de una manera nueva”, agregaba el comunicado.

UNA CIRCUNSTANCIA RECORDADA

Semillas para un himno y la obra de teatro La hija de Rappaccini, ambas de 1954, Las peras del olmo (1957), Salamandra (1962), El laberinto de la soledad (1963), Cuadrivio (1965), Puertas al campo (1966), Posdata, Apariencia desnuda: la obra de Marcel Duchamp, El castillo de la pureza, Ladera Este (1968), Los signos en rotación y Renga (1971).

El signo y el garabato (1973), Pasado en claro (1975), Poemas y El ogro filantrópico (1979), Sombras de obras, Hombres en su siglo, Pasión crítica, Tiempo nublado y Árbol adentro (entre 1982 y 1990), son los trabajos más importantes de Octavio Paz, quien también recibió en 1956 el Premio Xavier Villaurrutia por El arco y la lira, el Premio Internacional de Poesía (1963), el Premio Jerusalén de Literatura (1977), el Premio Gran Águila de Oro del Festival Internacional del Libro (1979) y el Premio Miguel de Cervantes (1981)

El 10 de diciembre de 1990 cayó en lunes. La ceremonia de premiación se llevó a cabo como es habitual en Estocolmo y a cargo de la presentación de Paz estuvo Kjell Espmark, poeta, novelista e historiador literario, miembro de la Academia Sueca de Literatura y profesor de historia de la literatura en la Universidad de Estocolmo.
Con un discurso titulado “La búsqueda del presente”, el poeta y ensayista mexicano agradeció el Nobel, ahondando precisamente en el significado de la palabra gracias “que tiene equivalente en todas las lenguas. Y en todas es rica la gama de significados. En las lenguas romances va de lo espiritual a lo físico, de la gracia que concede Dios a los hombres para salvarlos del error y la muerte a la gracia corporal de la muchacha que baila o a la del felino que salta en la maleza.

“Gracia es perdón, indulto, favor, beneficio, nombre, inspiración, felicidad en el estilo de hablar o de pintar, ademán que revela las buenas maneras y, en fin, acto que expresa bondad de alma. La gracia es gratuita, es un don; aquel que lo recibe, el agraciado, si no es un mal nacido, lo agradece: da las gracias. Es lo que yo hago ahora con estas palabras de poco peso.

Espero que mi emoción compense su levedad. Si cada una fuese una gota de agua, ustedes podrían ver, a través de ellas, lo que siento: gratitud, reconocimiento. Y también una indefinible mezcla de temor, respeto y sorpresa al verme ante ustedes, en este recinto que es, simultáneamente, el hogar de las letras suecas y la casa de la literatura universal”, dijo Paz.
LA CELEBRACIÓN DE UN ANIVERSARIO

Los 25 años del Nobel para Octavio Paz no pasan inadvertidos para el Fondo de Cultura Económica, que celebra este aniversario con la publicación de tres títulos en torno al poeta y una venta especial de sus obras en las librerías de esta editorial, con la premisa esencial de destacar la vigencia de su enorme legado literario.

Prueba de ello es la reciente aparición de una nueva edición de su libro El laberinto de la soledad, unos de los volúmenes más vendidos del catálogo del Fondo, con una introducción y edición de Enrico Mario Santí.

Esta edición sale a la luz también como celebración por los 65 años de la publicación original del ensayo en Cuadernos Americanos. Además, retoma la versión revisada por Paz para sus Obras completas e incluye “Postdata” —la conferencia que Paz dictó a finales de los sesenta en la Universidad de Texas— y “Vuelta a El laberinto de la soledad” —la entrevista que sostuvo con Claude Fell—, que se han convertido en acompañantes obligados del texto.

Este volumen ofrece también sendos ensayos de María Zambrano, Sebastián Salazar Bondy, Roger Bartra y Saúl Yurkievich, que, desde disciplinas y lugares diversos, han contribuido a la comprensión profunda de una pieza fundamental tanto del legado del escritor.

Una novedad sobre el Nobel mexicano es Aire en libertad: Octavio Paz y la crítica, coordinado por José Antonio Aguilar Rivera, que deja ver la posición central que el escritor en la vida pública e intelectual de Hispanoamérica.

Confluyen aquí textos de viejos y nuevos críticos del poeta, lectores que convivieron con él y combatieron contra él, amigos con los que debatió en la prensa y los libros.

Escritores y académicos como Héctor Aguilar Camín, Jesús Silva-Herzog Márquez, Yvon Grenier, Adolfo Gilly, Rafael Rojas, Jorge Aguilar Mora, Xavier Rodríguez Ledesma, Maarten van Delden, Malva Flores y el propio Aguilar Rivera.

Destaca también Octavio Paz y el Reino Unido —en coedición con el Conaculta— que reúne las voces de personajes de la vida cultural de ambos lados del Atlántico. Este volumen traza la historia del poeta antes, durante y después de su llegada a tierras inglesas, así como la impronta que este tránsito dejó tanto en su obra como en el plano personal.

Por lo común relacionado con Francia, por su consabida afinidad intelectual, es poco conocida la experiencia del Nobel mexicano en las islas británicas, de donde a decir de muchos surgió de sus obras más emblemáticas y seductoras, El mono gramático.

Desde su admiración por D. H. Lawrence y los intercambios epistolares con Charles Tomlinson, Octavio Paz fue prefigurando su periplo intelectual por el Reino Unido.

La venta especial de las obras de Octavio Paz en las librerías del Fondo estará vigente hasta el 21 de diciembre.

Con información de Sin embarago


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