Buena para tus males

Si bien la cerveza se considera una bebida divertida y sabrosa que propicia la sociabilización, la charla y la alegría, es posible que haga mucho más que eso. Podría ser la clave para desentrañar antiguos secretos medicinales que los humanos crearon a lo largo de milenios para combatir enfermedades que nos han abrumado desde el origen del tiempo.

No es tecnología experimental. Nada tan descabellado. Antes que pastillas y ungüentos llenaran nuestros gabinetes de medicinas, los tratamientos consistían en brebajes y cocteles herbales, casi siempre alcohólicos. De hecho, antes del advenimiento de la medicina moderna, el alcohol era el medicamento universal, afirma Patrick McGovern, del Museo de Arqueología de la Universidad de Pennsylvania, en un estudio de 2010 donde analiza el potencial anticanceroso de las bebidas fermentadas.

Según él, los beneficios de salud del alcohol son evidentes: alivia el dolor, detiene las infecciones y mata bacterias y parásitos en el agua contaminada. También posee ventajas nutricionales, pues durante la fermentación, levaduras y bacterias descomponen algunos ingredientes en nutrientes de fácil digestión que el cuerpo asimila rápidamente, informa Brian Hayden, antropólogo de la Universidad Simon Fraser, Canadá.

Sin embargo, con los años la cerveza también se utilizó como vehículo para administrar otras medicinas. Las culturas de todo el mundo produjeron sus propias versiones de la bebida. Los egipcios usaron cebada, los incas preparaban una cerveza de maíz llamada chicha y los chinos hacían “vino” de arroz (que tal vez llamaron “cerveza de arroz”, porque el arroz es un grano y el vino, técnicamente, es una bebida de fruta fermentada). Conforme los cerveceros perfeccionaron el proceso, se dieron cuenta de que el alcohol ofrecía otra ventaja: disolvía muchos compuestos que permanecían intactos en el agua. Así que empezaron a experimentar con aditivos potencialmente benéficos, desde hojas y raíces hasta bayas, néctar, miel e, incluso, savia y resina de árboles.

Algunos textos antiguos enumeran muchos cocteles terapéuticos. En su estudio, McGovern dice que, de las miles de recetas halladas en papiros médicos egipcios, una gran cantidad incluía vino y cerveza como “agentes de dosificación”, con la adición de “numerosas hierbas (nueza, cilantro, comino, mandrágora, eneldo, áloe, ajenjo, etcétera)”. Las plantas se mezclaban, empapaban y remojaban en cervezas y vinos, administrándolas para males específicos. La medicina tradicional china también utiliza una extensa variedad de plantas medicinales usando como vehículo algunas bebidas fermentadas. Por ejemplo, el ajenjo y la artemisia (ambas del género Artemisia) a menudo se añadían a brebajes de arroz.

“Siempre que estudiamos otras regiones del mundo, encontramos que utilizan bebidas fermentadas para administrar diversos agentes medicinales”, dice McGovern. Además de sus propiedades disolventes, el alcohol les confiere mejor sabor, como la consabida “cucharada de azúcar que ayuda a pasar la medicina”, dice Max Nelson, profesor de la Universidad de Windsor.

En su libro The Barbarian’s Beverage: A History of Beer in Ancient Europe, Nelson describe varios brebajes antiguos hallados en textos médicos. Antilus, cirujano griego que vivió en Roma durante el siglo II, escribió acerca de mezclar brebajes con el fruto verde de la planta de sésamo o con gusanos de tierra machacados y dátiles, para producir “leche buena y abundante en las mujeres”. Más tarde, el médico griego Filomeno recomendó “cerveza con ajo, como emético para mordidas de áspid venenoso”. Marcello Empírico, autor médico latino originario de Galia, sugirió usar cerveza para “remojar un supositorio herbal para expulsar gusanos intestinales” y también señaló que la cerveza funciona bien “contra la tos cuando se bebe con sal”. Aecio de Amida, galeno y escritor médico griego, propuso aplicar cerveza con mostaza en heridas de flecha.

Más adelante, los médicos europeos idearon sus propias libaciones terapéuticas: recomendaron cerveza caliente para dolores de pecho, “cerveza vieja” para enfermedad pulmonar y “cerveza nueva” para problemas de sueño. Aconsejaban la cerveza galesa, mezclada con diversas hierbas y otros remedios, para tratar varios padecimientos. Una receta sugería frotar “cerveza simple” en el cuero cabelludo para erradicar los piojos. Las culturas nórdicas producían grog, una complicada bebida híbrida hecha con cereales y otros ingredientes combinados: trigo, centeno o cebada que fermentaban con dos tipos de arándanos y miel. Después, condimentaban el brebaje con hierbas —mirto de Brabante, milenrama, junípero y resina de abedul— que probablemente tenían propiedades medicinales, dice McGovern.

Es debatible si esas cosas realmente funcionaban. Muchos remedios históricos se han perdido a causa del “colapso cultural y por la destrucción ocasionada por calamidades naturales y provocadas por el hombre”, prosigue McGovern. No obstante, investigaciones modernas de remedios médicos primordiales han sido increíblemente fructíferas. Por ejemplo, textos egipcios y griegos mencionan la corteza de sauce, de la cual se obtuvo el ácido acetilsalicílico, mejor conocido como aspirina. Los habitantes del actual Perú utilizaban la corteza de ciertos árboles sudamericanos para tratar el paludismo y, siglos después, se aisló el compuesto medicinal de la corteza para obtener quinina que, durante un siglo, fue el medicamento básico para el tratamiento de la enfermedad.

De igual manera, los nativos americanos remojaban agujas de tejo canadiense para hacer un té que usaban en el tratamiento de la artritis; y más tarde, los investigadores descubrieron que la corteza del árbol tenía un compuesto que condujo al desarrollo de un fármaco anticanceroso con el nombre comercial de Taxol. Además, en la última década la medicina moderna ha introducido el uso de varios medicamentos derivados de las plantas. Entre ellos: capsaicina, obtenido de Capsicum annuum (una variedad de pimienta), utilizada actualmente como analgésico; y galantamina, de Galanthus nivalis(hermosa flor como campanilla blanca que crece en muchos jardines, en primavera), utilizada para tratar la enfermedad de alzhéimer.

Por supuesto, no todos los medicamentos antiguos tenían los efectos curativos que se les atribuían. “Con el tiempo, las supersticiones, decretos religiosos erróneos o ideas psicológicas infundadas pueden infiltrarse en una tradición”, escribió McGovern, como “sumergir un cuerno de rinoceronte o un pene de toro en un vino chino moderno para transferir su fuerza o algún otro atributo”. Con todo, McGovern ha encontrado muchas pepitas de oro en el arroyo de remedios históricos que ha explorado con Caryn Lerman, subdirectora del Centro de Cáncer Abramson de la Universidad de Pennsylvania, por lo que decidieron lanzar un proyecto que llamaron Archeological Oncology: Digging for Drug Discovery. El objetivo es investigar si los residuos de cerveza y otras bebidas antediluvianas obtenidas de jarros de arcilla y metal sepultados en tumbas de reyes, faraones y emperadores tenían alguna propiedad anticancerosa.

Como parte del proyecto, McGovern investigó las propiedades medicinales de gotas de líquido halladas en una vasija china de bronce de la dinastía Shang (alrededor de 1050 a. C.) y un residuo amarillento desprendido de un jarro de arcilla de la tumba del rey egipcio Escorpión I (alrededor de 3150 a. C.). Después de enfocarse en unos cuantos compuestos prometedores, investigadores de líneas celulares probaron su eficacia anticancerosa añadiéndolos a tubos de ensayo que contenían células malignas. Los resultados fueron alentadores. Varios ingredientes mostraron actividad anticancerosa contra ciertos tipos de cáncer pulmonar y de colon. Por ejemplo, la isoscopoleína (derivada de salvia y tomillo añadidos a las cervezas egipcias) estimuló una proteína que protege contra mutaciones de ADN y actúa como supresor tumoral. La artemisinina (del ajenjo y la artemisa en el vino chino) y su derivado sintético, artesunato, son muy prometedores para inhibir el crecimiento de las células cancerosas pulmonares.

Las cervezas antiguas pueden guardar muchas pistas para tratamientos prometedores, pero las creaciones modernas también desbordan de potencial. Por ejemplo, químicos de la Universidad de Washington están investigando humulonas, sustancias derivadas de la flor femenina del lúpulo, con la esperanza de que puedan dar origen a nuevos medicamentos para tratar diabetes y ciertas formas de cáncer. Otros estudios encontraron que, además de su potencial farmacéutico, la cerveza ofrece infinidad de beneficios médicos preventivos. Reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular y formación de cálculos renales, e incluso mejora el rendimiento cognitivo de los ancianos, asegura Charles Bamforth, profesor de ciencias de malteado y elaboración de cerveza en la Universidad de California, Davis. Además, la cerveza contiene vitamina B, un antioxidante llamado ácido ferúlico y mucha fibra derivada del grano que, en su estudio, Bamforth sugiere que podría actuar de prebiótico: una fuente de alimento para las bacterias benéficas que viven en el intestino humano.

Otros estudios proponen que la cerveza podría prevenir la osteoporosis por su alto contenido de sílice, mineral importante para mantener la densidad de los huesos y promover la formación de tejido conectivo. Presente naturalmente en los granos, el sílice se libera durante el proceso de elaboración, dice Jonathan Powell, de MRC Human Nutrition Research en Cambridge, Inglaterra, y a diferencia de los complementos nutricionales, se absorbe completamente en el organismo gracias a su presentación líquida. Si consideramos todos sus valores nutricionales, la cerveza es superior al vino, asegura Bamforth, quien se apresura a desmentir el mito de la “panza cervecera”. No son las “calorías vacías” las que causan el prominente vientre de los bebedores de cerveza, sino el estilo de vida y el tipo de alimentos que suelen servirse para acompañarla; hamburguesas, por ejemplo. “Culpar a la cerveza y nada más, es simplemente injusto”, protesta Bamforth.

Así que cuando levante su espumoso tarro, tome nota: su pinta está rebosante de minerales, nutrientes, vitaminas, antioxidantes y montones de fibra. Sólo consuma esta saludable fusión con moderación, previenen los científicos. “Beber cerveza no es una finalidad en sí”, dice Bamforth. “Tiene que ser una experiencia agradable y sensual”.


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